Debido tanto a sus características técnicas, a la creciente profesionalización de la profesión de músico y compositor, y al contexto socio-cultural en el que se desarrolla (bajo el patronazgo de aristocracia, iglesia y burguesía), la música clásica es habitualmente definida como la música de tradición culta.
En ese sentido, la música clásica se distingue de la música popular y de otras formas musicales no Europeas por su característica notación musical simbólica, en uso desde aproximadamente el siglo XVI.4 Dicha notación permite a los compositores prescribir de forma detallada el tempo, la métrica, el ritmo, la altura y la ejecución precisa de cada pieza musical. Esto limita el espacio para la improvisación o la ornamentación ad libitum, que son frecuentes en la música artística no-Europea y en la música popular.Otra característica es que mientras la mayoría de los estilos «populares» tienden a desarrollarse alrededor del género de la canción, la música clásica se ha caracterizado por el desarrollo de formas y géneros musicales altamente sofisticados, y por el empleo de una muy variada y compleja instrumentación.8 Por ello, la música clásica suele requerir de tanto los músicos como los compositores un alto grado de profesionalización y especialización.
El término música clásica aparece por primera vez a principios del siglo XIX, en un intento para destacar el período como una edad dorada de la música.9 1 10 En la actualidad está asociado a la tradición de música culta y académica descrita arriba, y es a veces sustituido por música culta o música académica para incidir en la existencia de música de corte «clásico» (en oposición a contemporánea), en otros géneros como por ejemplo la música rock (véase Rock clásico). Sin embargo, de forma popular.